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Los Cueros Al Sol

EL LEÓN DORMIDO


Así llamó Napoleón Bonaparte a la gran China y a renglón seguido agregó: déjala dormir porque cuando despierte sacudirá al mundo. Palabras premonitorias del emperador francés pronunciadas hace más de trescientos años.

Mientras el imperio chino se mantuvo miles de años cerrado al mundo, con un régimen monárquico severo, costumbres antiquísimas y una cultura compleja, el resto de países andaba en la revolución industrial, los adelantos científicos, el capitalismo y la democracia.

Nadie imaginó que la llegada de Mao Tse Tung y sus rojos, con el comunismo a bordo, transformaría a la nación oriental, la llevaría a un destino contradictorio, opuesto al soñado por su líder.

El último emperador -la película de Bernardo Bertolucci- ganadora del premio Óscar, muestra la caída de un sistema cultural y de gobierno milenario. Pu Yi, el niño que fue comparado con un Dios, era derrocado y juzgado como un delincuente. Terminó sus días como un humilde jardinero.

Pero Mao y su séquito fueron igual de rígidos a sus antecesores. El país continuó hermético a intercambios con el exterior. La economía seguía siendo autónoma, entrar o salir de sus fronteras tenía demasiados trámites y obstáculos. La línea dura del partido y el mismo Mao fueron renuentes a la apertura.

Habría que esperar hasta el fallecimiento del líder de la revolución y la llegada de Deng Xiao Ping al poder. Con él se sentaron las bases para insertar poco a poco al gigante asiático en la economía capitalista occidental. Paradójicamente terminaron donde Mao nunca quiso arribar.

Esto transformó al mundo para siempre. El león había despertado y sacudiría al planeta de una forma radical. Gradualmente se flexibilizaron las normas políticas, económicas y sociales. Deng sabía que integrarse a un mercado dinámico le daría más excelentes resultados que mantenerse aislado.


A comienzos de los años noventa aparecieron términos como apertura y globalización. También caían la Unión Soviética y el muro de Berlín. La famosa cortina de hierro desapareció y nuevos actores, ávidos de productos con mano de obra barata, cambiarían el eje comercial.

Los grandes damnificados fueron los países latinoamericanos. Las multinacionales trasladaron sus fábricas o maquilaban en oriente. Más barato y con trabajadores muy calificados. En Colombia sufrió de manera dramática el sector manufacturero, en especial calzado, marroquinería y confecciones.

Adaptarse y sobrevivir era la única alternativa para los industriales de nuestro país. No había cómo competir con los chinos. Sus grandes volúmenes de producción con una mano de obra barata no daban margen. Además, el lavado de activos y el contrabando técnico nos inundaron de productos asiáticos.

Pero hubo algo que “ayudó” al fabricante nacional. Algunos insumos resultaba mejor traerlos de China para bajar costos y ser más competitivos. El mercado colombiano terminó por asimilar esa situación.

Sin embargo, la pandemia, la escasez de contenedores, las dificultades energéticas y de crecimiento en China, amenazan con dejar al mundo en un caos de precios y suministros.

El proveedor de todos vuelve a sacudirse, tiene problemas y nos meterá a todos en problemas. Dependemos de su destino. Ya sufrimos las consecuencias. Jamás pensé que rogaríamos porque el gigante asiático vuelva a la normalidad.

Es posible que estemos ad portas de otro cambio histórico y dramático. La idea es sacarle provecho a las dificultades y no perecer en ellas.

Está complicado conseguir todo tipo de insumos. En el caso del gremio comenzamos a sentir desabastecimiento de químicos, suelas, sintéticos, forros y muchos más.

Las curtiembres dependen para sus procesos de sustancias que las multinacionales producen en China o Europa. Mercancías represadas en los países de origen por falta de contenedores. Todo esto se traduce en carestía y escasez.

De una forma u otra estamos atados a la suerte del socio comercial más importante para todos. La situación es crítica. Por decirlo y compararlo: es otra pandemia. Afectará a la humanidad entera.

Cuando dependemos de un solo proveedor y no hay alternativa o plan B, la gravedad es evidente. Hemos estado en manos de China por mucho tiempo, jamás pensamos que pudiera entrar en crisis.

La coyuntura obliga a buscar soluciones. Es importante que productores locales o ubicados en otras zonas traten de ver en esto una oportunidad de crear, renacer, llenar esos espacios. No será fácil porque la fortaleza de los chinos obligó a cerrar empresas nacionales.

La historia ha demostrado que el ser humano cae, se levanta y sigue su camino. No hay más que hacer. Enfrentar la situación. Habrá ganadores y perdedores. Espero que nos ubiquemos en el primer grupo.

En los años noventa supusimos que las transformaciones destrozarían las economías débiles. Treinta años después aquí estamos al frente de un reto complicado.

El cuero, calzado y marroquinería son actividades históricas, necesarias. Artículos de consumo permanente. Es decir que alguien tendrá que hacerlos, como sea.

Tenemos fortalezas, infraestructura, diseño, calidad e ingenio. Lo tenemos todo.

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