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Las altas y bajas de la economía no permiten estabilidad de mercados

AL PASO DE LOS PRECIOS SUGERIDOS

El calzado y prendas vestir que se venden hoy a 100 mil, mañana pueden tener costos de 5, 10 o 20 mil pesos más.


No se rasgue las vestiduras, más bien analice y échele números de cómo está o se pondrá el ritmo de los negocios, que pasaron de ser puntuales, al cuánto debo tener disponible para pagar más del costo normal, lo cual generaba confiabilidad hasta antes del Covid-19, que desestabilizó precios y hoy tiene a los empresarios y comercializadores de la industria del calzado y afines, entre otros, con calculadora en mano, mirando si vale la pena producir para no caer en el “si no me acabó la pandemia, por hacer cuentas alegres me pueden dejar fuera de la industria y el comercio las sumas mentales”, que es lo que camina con los zapateros, que se dejan llevar por la emoción y cuando aplican la razón, es tarde… por vender a bajos costos pierden las inversiones y quedan debiendo.



Estas burradas no volverán a suceder. Si el calzado no deja ganancias importantes, es mejor no continuar en un oficio que nos ha traído alegrías, tristezas y desengaños. Los comercializadores que no admitían alzas, las aceptaron desde el año anterior. Lo que no pensamos con cabeza fría era que los precios de los materiales fueran a causar estragos, por incrementos hasta del 200, 500 por ciento y más, dependiendo de la materia prima: suelas, odenas, pegantes, telas y sintéticos, dicen los zapateros, quienes tuvieron que entrar en la horma de los precios sugeridos, que no es nada de otro mundo, pero en el mercado colombiano es nuevo y pisa callos. Mucho más si en la venta de un par de zapatos, al por mayor, la ganancia no sobre pasa los 10 mil pesos.

De ahí hacia atrás, es pérdida. Nos da para medio sostenernos, y esa no es la idea. El propósito es que el fabricante gane y los trabajadores sean bien remunerados. Lo demás, es un calvario para el inversionista, que debería responderles con creces a los operarios, que son el alma del negocio, pero no se les trata como debería ser en el aspecto salarial, porque el negocio está semiparalizado por ahora, no da para más, señalan quienes han vivido en cuerpo y alma en el sector considerado como uno de los más promisorios de la economía nacional.

En la zapatería, si productores, comercializadores y proveedores de insumos se tomaran de la mano, romperían la atadura del yo, y pensarían “en él, unidos, somos infranqueables frente a los importadores y contrabandistas de calzado y vestuario chino”, al que el virus les está sacando a relucir flaquezas, que deberán aprovechar los colombianos, que tienen demasiadas fortalezas, pero a la vez debilidades, que no les permiten avanzar.

Aquello de que, si las ganancias no están de acuerdo a la inversión y esfuerzo, es mejor decir me voy… tiene tanto de ancho, como de largo. Es una decisión que no será fácil, por el amor que tienen los fabricantes de calzado y colaboradores por esta profesión, que unos llaman arte, otros industria y los demás lo que es, zapatería, vocablo que tiende a peyorar a quienes la ejercen; pero no hay tal: es un honor fabricar calzado, especialmente entre los micros y famis productores y operarios de 35 años en adelante, que laboran básicamente con las uñas.


Unos pocos jóvenes quieren la zapatería, pero no tanto como quienes la popularizaron fabricando manualmente el mejor calzado del mundo, el mismo que cuando alcanza mercados internacionales, es consumido por la elegancia y confort que, según los expertos, es inigualable. El calzado hecho en Colombia tiene muchos valores agregados.

En las actuales circunstancias, el calzado colombiano y otros artículos en cuero y vestuario, son de los más atractivos en el exterior. Y continuará atrayendo clientes por la calidad y vistosidad, que sobresalen entre los mejores zapatos… donde sea.

Colombia, presagian quienes conocen y lucen calzado hecho en este país suramericano, logrará cautivar a millones de personas más (damas y hombres de todas las edades), por la limpieza del producto, que tiene como pincelada el cuero, que es tratado bajo las normas ambientales. Llegará el momento en que el consumidor no preguntará cuál es el costo del calzado, sino en qué materiales fue producido… la salubridad entra y entrará por los pies.

Es importante que los zapateros colombianos dejen atrás los rezagos del ‘es que la competencia’, y muestren su talento, utilizando materiales de calidad en todos los aspectos: lo bueno vale más, pero marca la diferencia. Quien paga los sobrecostos es el consumidor final.

La industria del calzado se mide por el tamaño de las fábricas: error. Hoy se imponen las tendencias de moda, quien produzca lo mejor… gana… ganará comercializadores potenciales. Es una competencia despiadada, que no admite tropiezos.


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